Una foto institucional desató críticas por lo que muchos perciben como una desconexión entre autoridades y ciudadanía.
Hay intentos de comunicación que no fallan por lo que dicen… sino por lo que evidencian.
En redes sociales, la Fiscalía General del Estado de Guanajuato compartió una foto donde el fiscal se muestra en una escena cotidiana: saluda a dos mujeres mientras espera en la fila de una tintorería. Un gesto simple, casi trivial. Pero suficiente para detonar una reacción que va más allá del momento.
Porque lo que buscaba proyectarse como cercanía terminó percibiéndose como algo distinto: una construcción forzada.
En un contexto donde la violencia, la impunidad y la desconfianza siguen marcando la conversación pública, el contraste resulta inevitable. Mientras las cifras y los casos pendientes pesan, la narrativa institucional parece desplazarse hacia lo anecdótico. Y ahí es donde algo se rompe.
Durante años, muchas instituciones construyeron su comunicación desde la distancia: formal, rígida, vertical. Hoy intentan lo contrario, pero en ese tránsito algo se quedó sin actualizar. El lenguaje cambió, pero no necesariamente la credibilidad.
Y cuando la cercanía no es natural, se nota.
Las redes sociales, a diferencia de otros tiempos, ya no consumen pasivamente estos mensajes. Los cuestionan, los reinterpretan, los exhiben. Lo que antes podía funcionar como una estrategia de imagen, hoy se enfrenta a una audiencia más crítica, más irónica y, sobre todo, menos dispuesta a comprar versiones pulidas de la realidad.
El problema no es intentar humanizar a las instituciones, el problema es hacerlo sin sustancia.
Porque cuando el fondo no acompaña la forma, la narrativa se vuelve frágil. Y lo que pretendía acercar… termina alejando.
En ese sentido, el video no es solo un error de comunicación. Es un síntoma.
De instituciones que buscan conectar, pero que llegan tarde al lenguaje de una sociedad que ya cambió.
Y que, al menos en internet, ya no aplaude gestos… cuando lo que espera son resultados.

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