Recortes de personal, cambio de perfiles y cuestionamientos recientes vuelven a poner bajo la lupa la calidad editorial del medio.
La credibilidad no se pierde de un día a otro. Se desgasta. Se adelgaza. Y a veces, se termina por evidenciar en los detalles más pequeños… como una nota mal sostenida.
El periódico AM, uno de los medios tradicionales más influyentes en León, atraviesa un momento que ya no pasa desapercibido. A inicios de este año, cerca de 120 trabajadores fueron despedidos. Meses después, se sumaron al menos 30 salidas más, en un proceso que ha sido interpretado como una reconfiguración interna del medio.
El argumento, según lo que se comenta en el entorno mediático, apunta hacia la incorporación de nuevos perfiles más jóvenes. La apuesta podría tener lógica en términos de renovación. El problema es cuando el relevo no se traduce en profundidad, sino en ligereza.
Porque el periodismo no se mide por velocidad… sino por sustento.

El caso más reciente volvió a encender las críticas. El AM publicó una nota en la que señalaba al espectáculo “Alas Para Volar” de presunto plagio a una empresa española. La acusación era fuerte. El respaldo, no tanto.
Poco después, desde la propia comunidad artística comenzaron a circular versiones que desmentían o matizaban lo publicado, señalando inconsistencias en la investigación y cuestionando el manejo de la información. En redes sociales, un video que circuló ampliamente defendió el proyecto y exhibió lo que muchos interpretaron como una narrativa incompleta. Y ahí es donde el problema deja de ser un error… y empieza a ser patrón.
Porque cuando un medio con historia comienza a construir notas desde lo escandaloso sin el mismo rigor de antes, la percepción cambia. Ya no se trata de informar primero, sino de publicar más rápido. Y en ese proceso, la verificación se vuelve opcional.
La pregunta de fondo no es si pueden equivocarse. Todos los medios lo hacen.
La pregunta es otra: ¿qué tanto se están equivocando… y por qué?
Porque si detrás hay recortes, presión, falta de experiencia o simplemente una nueva lógica editorial, el resultado es el mismo: un periodismo más débil.
Y eso, en una ciudad que necesita información confiable, no es un detalle menor.

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