LEÓN, Gto. — Hay cifras que deslumbran y otras que, bajo la lupa política, se convierten en armas de doble filo. La Feria Estatal de León, el orgullo de la ciudad y un motor económico indiscutible, se encuentra hoy en el ojo de un huracán que no es de fiesta, sino de números y rendición de cuentas. Ayer, Héctor Rodríguez Velázquez, presidente del Patronato, salió al frente con una frase que busca zanjar el debate: «Tenemos las manos limpias». Sin embargo, en el tablero político local, limpiar la mesa requiere algo más que buenas intenciones; exige un desglose milimétrico.
La danza de los millones: ¿Falta dinero o falta comunicación?
La tormenta inició cuando el diputado federal Miguel Salim encendió las alarmas de la opinión pública. Basado en una revisión del despacho Auren Bajío, Salim puso sobre la mesa una cifra alarmante: un presunto desfase o desfalco cercano a los 73 millones de pesos. Para la ciudadanía, que abarrota el recinto año con año pagando sus accesos y consumos, la sospecha de una fuga millonaria cala hondo.
La respuesta del Patronato no se hizo esperar, y su estrategia fue apagar el fuego con matemáticas básicas. El argumento central es contundente: éxito de asistencia no es sinónimo de éxito en taquilla. De los imponentes 6.88 millones de visitantes que presumió la feria este año, la cruda realidad financiera es que únicamente 2.08 millones pagaron boleto completo, generando una recaudación de 30.35 millones de pesos.
Aquí es donde entra la naturaleza social de la feria de León. El grueso de la masa humana que camina por los pasillos —niños, adultos mayores, estudiantes en excursiones organizadas— entra gratis. Es un acierto en política pública, sí, pero un dolor de cabeza contable si no se sabe explicar a tiempo. El dinero no se esfumó; simplemente, nunca entró a las cajas registradoras porque se priorizó el acceso social.
Las zonas grises: Fila Cero y superpoderes
Donde el Patronato camina sobre hielo más delgado es en los conceptos de la «Fila Cero» y las facultades del director general, Alonso Limón Rode. Explicar que la Fila Cero captó 33.7 millones de pesos frente a una expectativa de 58 millones deja un amargo sabor a sobreestimación presupuestal. Si bien administrativamente se justifica como una «proyección», políticamente se lee como un error de cálculo que da munición a la oposición.
Por otro lado, el fantasma de los «superpoderes» otorgados al director general fue atajado por Rodríguez Velázquez asegurando que la facultad legal aprobada fue un traje a la medida: única y exclusivamente para concretar la donación de un inmueble al Municipio en pro de la seguridad pública. Un movimiento necesario, pero que al haberse manejado de forma interna, alimentó la narrativa del secretismo.
El veredicto de la transparencia
Rodríguez Velázquez y su consejo directivo hicieron lo correcto al dar la cara de inmediato. En tiempos de máxima exigencia ciudadana, el silencio es sinónimo de culpa. Afirmar tener las «manos limpias» es un posicionamiento político firme, pero la verdadera prueba de fuego no estará en la elocuencia de una rueda de prensa, sino en los archivos que ya revisa la Contraloría Municipal y los regidores de oposición.
La Feria de León es patrimonio de los leoneses. Precisamente por eso, cada peso que entra y sale de sus arcas debe ser tan transparente como el cristal. El beneficio de la duda está otorgado; ahora toca a las auditorías oficiales demostrar si las manos limpias están, también, perfectamente respaldadas por los libros contables.

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