Gastos, designaciones y abandono… la cultura en Guanajuato llega al Congreso entre reclamos.

Gastos, designaciones y abandono… la cultura en Guanajuato llega al Congreso entre reclamos.

Entre cifras, justificaciones y silencios, la Secretaría de Cultura enfrentó algo más que preguntas: una revisión incómoda de sus prioridades.

A veces la cultura se mide en aplausos. Otras, en presupuestos. Y en esta ocasión, en preguntas que no siempre encontraron respuesta. Durante su comparecencia ante el Congreso del Estado, la secretaria de Cultura, Lizeth Galván, no llegó a presentar un balance… sino a sostenerlo. Y no todos los números jugaron a su favor.

El señalamiento fue directo: millones destinados a eventos privados y espectáculos, frente a montos considerablemente menores para el mantenimiento de espacios culturales. Un contraste que, más que cifras, dejó una sensación: la cultura también puede deteriorarse… pero no siempre en los edificios.

De acuerdo con legisladores, mientras se destinaron alrededor de 10 millones de pesos a la promoción de un evento en Ciudad de México y 5 millones a un espectáculo en el Teatro Juárez, el presupuesto para conservación de infraestructura cultural fue menor al millón de pesos.

La pregunta no fue solo técnica. Fue incómoda:
¿Dónde está realmente la prioridad?

Galván respondió con el lenguaje institucional: estrategias, alcances, participación, resultados. Habló de miles de asistentes, de programas culturales y de equilibrio. Un equilibrio que, visto desde la butaca legislativa, parecía inclinarse hacia el espectáculo más que hacia la estructura.

Pero la sesión no se quedó ahí.

También surgieron dudas sobre nombramientos dentro de la Secretaría, perfiles cuestionados y cargos que, según algunos diputados, parecen diseñados más para acomodar que para construir. La cultura, en ese punto, dejó de ser arte y se volvió organigrama.

Y luego está el silencio más evidente: el de los espacios.

El Forum Cultural, uno de los recintos más importantes del estado, fue descrito por legisladores como un lugar donde las fallas operativas y el deterioro ya no son excepciones, sino parte del paisaje. Elevadores que no funcionan, áreas descuidadas, una sensación general de abandono.

La respuesta oficial fue conocida: mantenimiento en proceso, áreas de oportunidad, cifras de asistencia. Todo funciona… en términos generales.

El Teatro del Bicentenario tampoco quedó fuera. La percepción de subutilización apareció sobre la mesa como una pregunta incómoda: un recinto diseñado para ser símbolo cultural, usado —según críticas— cada vez más como escenario institucional.

La secretaria defendió su operación con números: eventos, asistentes, crecimiento.

Pero en política, como en cultura, los números no siempre cuentan toda la historia.

Al final, la comparecencia dejó algo más que respuestas.
Dejó la sensación de que la cultura en Guanajuato no enfrenta una crisis abierta… sino algo más difícil de señalar: una desconexión.

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